Mirar mucho, mirar con atención, buscar y rebuscar. Cada cuadro de Van der Weyden requiere su tiempo porque hay tantos detalles que podríamos pasarnos horas delante de ellos. Por ejemplo, las lágrimas. Pocos artistas han pintado las lágrimas como este belga que nació en el último año del siglo XIV.

Tras cuatro años en el Taller del Museo del Prado, la inmensa tabla, de más de tres metros y medio de altura, está lista para su exhibición desde el 24 de marzo hasta el 28 de junio de 2015 en la Sala C del Edificio Jerónimos del Museo del Prado.

“El Calvario”, que se encuentra habitualmente en el Monasterio de El Escorial se expondrá en el Museo del Prado junto con “El Descendimiento” (Gemäldegalerie de Berlín) y el “Tríptico de Miraflores” (Museo del Prado). Es la primera vez que se reúnen las tres únicas pinturas que se pueden atribuir con toda seguridad a Van der Weyden.

Es una de las obras más impresionantes y originales del pintor por la grandeza y expresividad de sus figuras. Tras su restauración se ha podido recuperar la verdadera sensación de tridimensionalidad de las figuras.

Van der Weyden está considerado como uno de los mayores pintores de todos los tiempos. Capaz de pintar cualquier cosa, ignorando la lógica del espacio y de trascender el espacio entre pintura y escultura.