la vidriera fue sin duda el principal sistema de cerramiento de ventanales utilizado en la arquitectura religiosa de los siglos XI y XII y una de las principales artes de la Edad Media.

Los orígenes de la vidriera, entendida como un conjunto de paneles compuestos por vidrios, generalmente pintados, y unidos entre sí mediante varillas de plomo, se remontan a los siglos centrales de la Edad Media, durante los periodos Carolingio y Otoniano. Su desarrollo, asociado al Cristianismo, se produjo de forma paulatina en los actuales países de Francia, Alemania, Suiza, Austria, Reino Unido, etc.

La simbología de la luz
El uso de vidrios de colores con representaciones bíblicas como cerramiento de los ventanales de las iglesias tenía un atractivo especial para el Cristianismo durante la Edad Media, dadas las múltiples posibilidades decorativas, simbólicas, didácticas y propagandísticas que ofrecía el medio, de ahí su éxito y rápida difusión.

Por un lado, bajo la influencia del pensamiento Neoplatónico y las ideas de San Agustín, la luz se convirtió en el elemento principal de belleza y por lo tanto en la manifestación más evidente de la presencia divina en la Tierra. La luz estaba simbólicamente asociada a Dios. Por otro lado, la luz se entiende como un medio físico que cumple una función objetiva de iluminación, posibilitando la lectura de los programas iconográficos desarrollados en las pinturas murales o en los ciclos escultóricos, protagonistas indiscutibles de la decoración de los templos románicos.