Las vestiduras sagradas completan el orden, el espacio y la belleza de la celebración de la liturgia. La acción de Dios en los hombres necesita ser mediada por signos externos que expresen la verdad de Dios.

Para la confección de esta capa y paño de hombros se ha tenido presente el lugar para el que se destinarían: una parroquia de nueva construcción, amplio presbiterio, paredes recubiertas de pan de oro, presencia de piedra caliza y granito. Para el patrón se intentó buscar una continuidad con los testimonios gráficos encontrados en la historia del arte del primer milenio.

Ambas vestiduras se han realizado en damasco de rombos de seda natural color beige. En las fimbrias y en el capillo se han bordado motivos geométricos tomados de los grandes códices mozárabes conservados en España. Tributo a la liturgia hispana y una actualización del patrimonio que nuestros mayores nos dejaron. Los colores azul, verde y granate contrastan con la seda. La belleza, simplicidad y nobleza de este material canta la armonía de la geometría y el color. Las fimbrias se rematan con un pequeño galón dorado que favorece la conservación impidiendo el desgaste de la tela con el roce.

El capillo presenta una cruz mozárabe que complementa a las geometrías de las fimbrías.

El departamento textil de Talleres de Arte Granda, el Taller Artesano Los Rosales, se ha servido de la experiencia de los cinceladores del taller de orfebrería. El broche de la capa se ha realizado en metal bañado en oro de 24 quilates. Representa al Cordero Pascual, imagen de Cristo inmolado por nosotros, el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo y actualiza la nueva y eterna alianza con el hombre por la celebración sacramental y litúrgica. Así en el bautismo, en la celebración de la Liturgia de las Horas, durante la adoración eucarística, en las diferentes bendiciones y procesiones, el sacerdote actualiza la presencia de Cristo que regresa para hacer nuevas todas las cosas prefigurando y alentándonos en la esperanza de su venida escatológica. ¡Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido! (Ap 19,7).