La palia actual procede de la costumbre de proteger el interior del cáliz, cubriéndolo con un lado del corporal. Desde la Edad Media hasta el siglo XVI se fue sustituyendo gradualmente por un segundo corporal plegado, denominado palla plicata.

La palia se convirtió en un pequeño lienzo de lino aprestado, respetando las reglas tradicionales que exigían este tejido en alusión al sudario de Cristo. Paulatinamente se permitieron los bordados y sedas en la cara anterior, quedando reducido el lino a la parte posterior, por estar en contacto con el interior del cáliz.

Esta palia, confeccionada en el taller Los Rosales, está realizada con raso de seda blanco y un purificador de lino adornado con vainica, que cosidos a mano, forran la pieza interior de metacrilato.

El motivo central se compone de una paloma, dispuesta sobre un haz de rayos de luz, que tradicionalmente simboliza al Espíritu Santo y su revelación.