Mogno es una pequeña aldea suiza en el valle de Maggia. En 1986 una avalancha destruyó la iglesia y alrededor de una docena de casas deshabitadas. En la década de 1990 el arquitecto Mario Botta reconstruyó la pequeña iglesia, dedicada a San Juan Bautista.

El innovador edificio hecho de capas alternas de mármol provocó una gran controversia, pero con el tiempo se ha convertido en un punto de referencia reconocido más allá de las fronteras de Suiza.

La iglesia San Juan Bautista, con una capacidad para unas 15 personas, no tiene ventanas. En el interior, con la luz natural que entra a través del techo de cristal y su simplicidad despojada, se puede sentir muy fuerte una presencia espiritual.

La Iglesia consiste en un rectángulo inscrito en una elipse exterior que se deforma gradualmente hasta convertirse en un círculo a la altura de la cubierta, inclinada en la dirección del eje corto de la elipse.

“No hay estética sin ética, no hay estética inmoral”, dice Mario Botta, una de las voces más originales de la arquitectura de nuestro tiempo. Este arquitecto italiano considera la arquitectura como un deber casi espiritual. Al igual que un arquitecto barroco, dijo una vez: “Construir es un acto sagrado, una acción que transforma una condición de la naturaleza en un estado de cultura”.