(Imagen: proceso de elaboración de la talla de San Olav en el taller de Granda)

Hubo un tiempo en que la religión oficial de Noruega fue el catolicismo. Y esto fue gracias a San Olav, uno de los pocos santos de origen noruego con culto en la Iglesia católica del que Granda acaba de finalizar una escultura destinada a la Catedral de Trondheim, ciudad donde se veneran sus restos.

Atributos de San Olav

La imagen , realizada en madera y policromada, representa a San Olav como un hombre maduro con atributos regios, sentado en un trono y ataviado con ricas ropas y coronado. En una mano porta el orbe o globus cruciger, como señal de su poder temporal al servicio de la Iglesia.

Hay veces que también se le representa de pie con una alabarda o un hacha de doble filo en una mano, símbolo de su actividad guerrera y a sus pies, un dragón con cabeza humana, como símbolo del paganismo vencido.

Las facetas de su vida: el vikingo, el rey y el santo

La vida de este santo fue fascinante. Nacido en el año 984, era hijo de Harald Grenske y tataranieto del rey Harald I de Noruega. Durante su adolescencia, participó, como buen vikingo, en numerosas razzias o expediciones de saqueo llevadas a cabo en las costas europeas, llegando a lugares tan lejanos como Santiago de Compostela. Cuenta la saga que esperando vientos favorables para intentar acceder a Santiago por la Ría de Arosa, Olav tuvo un sueño: Una voz imponente le habló: “Vuelve a tu tierra y serás Rey Perpetuo de Noruega”.

Olav decide volver y a su paso por Rouen, en Normandía, se convierte al cristianismo y será bautizado, abandonando así los cultos paganos de los antiguos vikingos. ¿Qué pasó realmente? ¿Perdió la batalla y decidió volver? ¿Fue la cercanía del apóstol Santiago quien tuvo influencia sobre él? No se sabe. Lo que sí que es cierto es que a su vuelta a Noruega decide ejercer sus derechos sucesorios y unificar bajo su mando el país que se hallaba dividido entre clanes locales y acosado por Dinamarca y Suecia.

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Tras su coronación en 1015, Olav fue progresivamente implantando y dando fuerza a la religión católica que se convirtió en religión oficial del reino en 1024. Trajo a Noruega cuatro obispos de Inglaterra y ordenó la construcción de iglesias por todo el territorio. El Estado adoptó como leyes los preceptos eclesiásticos. Se prohibió la poligamia, la violación, el rapto de mujeres y el abandono de los recién nacidos en el campo o en el bosque, que ahora tenían que ser bautizados de manera obligatoria. Los muertos tenían que ser enterrados en suelo santo y no en túmulos de piedras en las colinas, como sucedía en las tradiciones paganas. Se negó la sagrada sepultura a los criminales, los asesinos y los suicidas. El mismo rey viajó mucho a través del país para hacer valer las nuevas leyes.

También promulgó la ley de igualdad, según la cual la aristocracia tenía que obedecer la ley y ser castigada en la misma medida que los campesinos. Ello, junto con la amenaza de expropiación de sus tierras, provocó que la aristocracia se mostrara reticente a mantener a Olav como su monarca y empezaran a conspirar para derrocarlo.

En 1028 el rey Canuto II de Dinamarca invadió Noruega y Olav, abandonado por una parte del Ejército, tuvo que exiliarse a Kiev. Dos años más tarde, en 1030, regresó y se enfrentó al bando danés muriendo en la contienda.

Algunos historiadores han querido ver en el eclipse de sol ocurrido a las pocas horas de su muerte, así como en las curaciones milagrosas por contacto con su sangre, un intento de sus biógrafos por establecer una similitud con la propia muerte de Cristo.

Su tumba primitiva, a orillas del río Nij, fue pronto escenario de sucesos milagrosos y solo un año después de su muerte, al encontrar en su cuerpo signos de santidad, Olaf fue rápidamente venerado como santo patrón de Noruega. Su cuerpo se trasladó a la iglesia de San Clemente de Nidaros (actual Trondheim) donde un siglo más tarde se construiría una gran catedral dedicada a su memoria.

La canonización oficial por parte de la Iglesia tendría lugar en el año 1041, siendo una de las primeras en las que se santifica a un hombre de armas.