Una nueva iglesia para Milladoiro, La Coruña

La Iglesia diseñada por el arquitecto David Fernández Nogueira comenzó a construirse en 2015 en una parcela de 3000m2 de reciente urbanización en la zona de Novo Milladoiro, Ames, junto a Santiago de Compostela. Desde el principio se pretendió una estética que lograra integrar el edificio en el entorno en el que se encuentra al mismo tiempo que fuera una expresión artística propia de nuestro tiempo.

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Fotografía de http://www.upmilladoiro.org

La Iglesia, que empezó a construirse en 2015, está hecha a base de prefabricados de hormigón de gran formato que hablan de un edificio tecnológico que se identifica con el hombre de hoy, sin falsos modernismos ni interpretaciones clasicistas. Consta de tres plantas que albergan diferentes espacios para las actividades de la comunidad parroquial, entre las que se incluye un columbario al aire libre.

El interior del edificio se caracteriza por la pureza de sus líneas y la presencia de luz natural, que inunda el espacio diáfano dotándolo de gran solemnidad. El templo sigue las pautas de diseño que se marcaron en el Concilio Vaticano II con el fin de fomentar la participación activa de los fieles en las celebraciones. Los distintos elementos que conforman el espacio sagrado se encuentran totalmente integrados y proporcionan a la Iglesia unidad cromática, pues son exclusivamente de color blanco y madera.

 

Retablo-mural de la Sagrada Familia

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Granda ha participado en el proyecto con el diseño y la elaboración de un retablo-mural de 42m2, formado por paneles de madera superpuestos. La obra, a modo de gran mosaico, ocupa toda la pared del presbiterio formando un retablo dinámico. La composición de paneles superpuestos, la luz, el color y las texturas que lo forman, hacen de él una obra cambiante a lo largo del día y según el punto de vista de donde se contemple. Se trata de una gran escena de la Sagrada Familia corriendo por el campo, una imagen entrañable y cercana con la que las familias jóvenes del barrio se puedan identificar,  que está cargada a su vez de símbolos litúrgicos eucarísticos.

Fermín, pintor de Arte Granda, lo define como un juego de la materia, que se va colocando por sí misma formando una enorme obra colorista. Lo cuenta mientras recoge los acrílicos que ha empleado para plasmar un amplio abanico de tonalidades y degradados que llenan la obra de color y dinamismo.

La simbología de los elementos del retablo.

La Trinidad de la Tierra

La composición, situada en la pared del presbiterio, contrasta cromáticamente con el interior de la Iglesia. La viveza de los colores otorga gran expresividad a la obra, que orienta todas las miradas a la representación de Jesús, José y María, la Trinidad de la Tierra, en una actitud alegre y cercana que rompe radicalmente con las representaciones de la Sagrada Familia que hemos heredado de la tradición.

El punto central del retablo es, sin duda, esta imagen de conjunto en la que la atención se desvía inevitablemente a los rostros, llenos de expresividad y de una vitalidad que acerca a los personajes, igualándolos al cristiano de hoy. La figura de San José marca el eje de la sede, como representación del sacerdote, padre de familia de la comunidad eclesial.

El Espíritu Santo

Sobre el conjunto de la Sagrada Familia, iluminada por los rayos del sol poniente, vuela una paloma. Es símbolo del Espíritu Santo bañado por la luz de la gracia de sus dones y sus frutos.

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La cruz y la concha

Marcando el eje del altar, elemento central de la iglesia, están representadas una cruz dorada en cuyo centro se encuentra una concha de Santiago, fuente de agua que se derrama y salpica al chocar contra las rocas del mar,  pintadas en el panel inferior. Este símbolo hace referencia a la gracia del Bautismo, sacramento que abre las puertas de la Iglesia y que borra el pecado original. Se quiere aquí remarcar que esta gracia viene dada a los cristianos por el sacrificio de Cristo en la Cruz y que se actualiza en cada Eucaristía en el altar.

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El almendro

San José es representado tradicionalmente con una vara de almendro. Este atributo tiene su origen en los evangelios apócrifos, donde se relata la elección del esposo para la Virgen.  Según estos, un hombre de cada tribu de Israel fue convocado en el templo, cada uno de los cuales portaba una vara que debía dejar sobre el altar. Cuando el sacerdote del templo entró en el Sancta Santorum, se dice que un ángel cogió la vara de San José y esta floreció, como señal de que él era el elegido para desposarse con la Virgen. El almendro en flor en medio del paisaje campestre, hace referencia en la simbología cristiana a este hecho y es símbolo, a su vez, de la pureza y castidad de San José.

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El alimento de la palabra

Las espigas de trigo son elemento conductor en toda la composición. Este panel de espiga marca el eje del ambón, el lugar desde donde se proclama la Palabra, que es alimento para el alma como el trigo es alimento para el cuerpo.

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El alimento eucarístico

Las espigas doradas por el sol del atardecer y la vid frondosa representan el alimento de la Eucaristía: pan y vino que se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Este panel marca el espacio destinado al sagrario, lugar que alberga las especies sacramentales.

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La diestra de Dios

En el ángulo superior derecho encontramos una representación de la mano de Dios en actitud de bendición sobre la Sagrada Familia. Este elemento marca la diagonal del retablo y completa, junto con Jesús niño y la paloma, la representación de la Trinidad del cielo.

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El agua

Por último hallamos otro elemento, que cierra el retablo por su parte derecha: una ola del mar que irrumpe con fuerza. Esta representación es símbolo de la purificación del alma y está en estrecha relación con el paisaje gallego, que tiene cerca de 1500 km de costa y con la cultura de la zona, donde el mar se caracteriza por su belleza y su bravura. Este fragmento está pintado directamente sobre dos losas de granito, del mismo tipo que el revestimiento del presbiterio, de modo que se remarca la integración entre arquitectura y pintura.

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