El 16 de octubre de 2015, Granda comenzó su labor de restauración bajo la supervisión del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). La tarea fue encomendada a un equipo multidisciplinar formado por restauradores, historiadores, plateros, químicos y gemólogos, que se trasladaron a la Catedral. Allí trabajaron durante siete meses para devolver a la custodia su esplendor.

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