Don Félix nació en 1868 en Pola de Lena (Asturias). Ya en la infancia y juventud se reveló como un niño con gran sensibilidad y talento artísticos, habilidades que continuó desarrollando  tras recibir la ordenación sacerdotal en 1891, año en que concluyó sus estudios en el seminario de Oviedo. Durante esta etapa realizó sus primeras obras de arte religioso y pronto comenzó a recibir encargos por parte de Mons. Cos y Macho, obispo de la sede Madrid-Alcalá y más adelante en Madrid. En 1899 obtuvo la Medalla de Oro de Segunda División de la Exposición Regional de Bellas Artes de Gijón y se incardinó como sacerdote en la Diócesis de Madrid- Alcalá donde continuó su formación artística.

En 1904 se instaló en el hotel de las Rosas, situado junto al antiguo Hipódromo de Madrid, con la intención de reunir artistas y artesanos de todos los oficios. Don Felix daba así los primeros pasos en una labor a la que dedicaría gran parte de su vida: la renovación el arte cristiano, en decadencia desde finales del S.XIX a causa de la entrada de las artes industriales.

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Don Félix Granda, hacia 1930

Esta renovación del arte sacro está en sintonía con en Movimiento de Renovación Litúrgica que surgió con el fin que el arte sacro recuperara el esplendor que había caracterizado a la Iglesia durante siglos. El Movimiento de Renovación Litúrgica fue una corriente de pensamiento dentro de la Iglesia, que comienzó hacia mediados del s XIX y durará, más o menos, hasta la II Guerra Mundial.

 

UNA VISIÓN, UN PROPÓSITO: LA RENOVACIÓN DEL ARTE SACRO.

Esta renovación se sustentaba sobre tres pilares:  En primer lugar, la calidad artística; en segundo, la calidad artesanal, basada en la nobleza de los materiales y el dominio de la técnica y por último, la calidad iconográfica, poniendo gran énfasis en que sus obras transpiraran un mensaje teológico que llegara al corazón del hombre. Desarrolló, de hecho un programa iconográfico completo recogido en su libro “Talleres de arte”” (1911) un escrito que refleja el espíritu que subyace en su arte y a partir del cual se multiplicaron los encargos de obras procedentes no sólo de toda España, sino también del extranjero.

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Los talleres de arte situados en el Hotel Las Rosas
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Boceto de una corona de plata diseñada en los talleres

Así manifiesta Don Félix sus intenciones:

Mi propósito

Hacer un arte impregnado del olor de Cristo, saturado de recuerdos del pasado, donde el espíritu bíblico palpite; y que este arte sea vivo, por estar unido al tronco de las tradiciones, y porque, siendo del pasado, corresponda a las necesidades del presente: tal es mi deseo.[…]

Mostrar a Jesús para que sea conocido por todos y que en todas partes nuestros ojos vean su imagen, nuestros oídos oigan su nombre […].

Que el sacerdote al enseñar su iglesia, sus vasos sagrados, sus objetos de arte, le den éstos motivo para hablar de Cristo; que todo en el templo enseñe a Cristo: este es el fin que debe perseguir el arte cristiano. […]

Usar el arte como usamos el lenguaje, para hablar y enseñar a Cristo […].

Introducción a “Primer catálogo de los Talleres: declaración de intenciones” 1911

 

DIRECTOR DE LOS TALLERES DE ARTE

Con el paso del tiempo, Don Félix dejó su creación artística a un lado para ponerse al frente como director de los talleres, una tarea que desempeñó con gran profesionalidad y destreza dada su gran visión, su profunda vida interior y sus amplios conocimientos sobre arte y teología. Pronto las obras de los talleres fundados por Don Felix comenzaron a estar presentes en Iglesias de los cinco continentes.

Las obras realizadas en Talleres de Arte Granda recorren  aún las dos vías que contemplaba Don Félix para llegar al corazón de las personas: la belleza, un lenguaje complejo pero comprensible por todos y la iconografía, legible solo para aquellos con conocimiento de la tradición artística cristiana. Ambos niveles son una llamada a profundizar para ser comprendidos.

Izda: D. Félix y su equipo junto al Sagrado Corazón de la iglesia Reina de la Habana (Cuba). Drcha: D. Felix junto al monumento a Pio X encargado para la iglesia de Riese (Italia)

 

RECONSTRUCCIÓN TRAS LA GUERRA CIVIL

Tras la Guerra Civil española, los talleres, con Don Félix a la cabeza, participaron activamente en la reconstrucción y restitución del arte religioso que había sido destruido de forma masiva durante la guerra. La situación, agravada por la carencia de materias primas y la situación social de posguerra, obligaron a la creación de obras de menor entidad artística durante los años siguientes a la contienda.

Don Félix Granda falleció en Madrid el 23 de febrero de 1954, dejando como legado su visión y  su obra que aún hoy sigue inspirando a nuestros artistas.