Entramos en el taller. Miguel, el cincelador, nos mira por el rabillo del ojo y continua su tarea. El trabajo que tiene entre manos es complejo, requiere un gran dominio de la técnica y mucha capacidad de concentración. Se trata de un encargo inusual: un cáliz con tapa – una característica nada común – e inspirado en una de las principales joyas de orfebrería románica del patrimonio español: El Cáliz de Santo Domingo de Silos.

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INSPIRADO EN UNA PIEZA ORIGINAL DEL SIGLO XI

Ante esta petición especial, nuestros proyectistas comenzaron a estudiar el cáliz, que se conserva en el Museo del Monasterio de Silos, mediante documentación y fotografías de la propia pieza. A partir de ahí, se hizo una propuesta de cáliz en plata dorada, que sería trabajado con trazado a mano, con el añadido de la tapa coronada por una cruz griega. El detalle de la tapa, que ya existía en una copia posterior del mismo cáliz, fue petición expresa del cliente con el fin de que la pieza pueda hacer las veces de cáliz y copón.

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Además de los motivos ornamentales trazados se añadió al nuevo cáliz la inscripción “Calicem salutaris accipiam et nomen Domini invocabo” (Salmo 116:13) por la parte exterior en torno a la copa.

Una vez concluido comenzarán los trabajos para la realización de una patena a juego, inspirada también en la pieza original del Monasterio de Silos.

 

LA OBRA ORIGINAL: EL CÁLIZ DE SANTO DOMINGO DE SILOS

Esta pieza de orfebrería románica data de mediados del siglo XI y es, junto con El Cáliz de Doña Urraca (segunda mitad del siglo XI, Colegiata de San Isidoro de León), una de las piezas de orfebrería más valiosas del románico de Castilla y León. El Románico en esta zona no difiere en lo esencial del que se dio en el resto de la península pero posee características propias que lo diferencian. De hecho, en algún momento llegó a pensarse que el cáliz, por su ornamentación, era de elaboración mozárabe, pero se desechó la idea al comprobar que ese tipo de enriquecimientos estaban presentes en otras obras propias  del románico leonés.

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El cáliz, de 30 cm altura fue elaborado en plata y sobredorado en algunas zonas. Lo forman dos medias esferas -copa y base- simétricas y unidas por una caña que a su vez está cortada por un nudo también esférico y trabajado en filigranas. Toda la ornamentación de la pieza ha sido trabajada con esta técnica y dibuja complejos patrones compuestos de arcos de herradura, cenefas y espirales.

Se cree que el cáliz salió del taller de orfebrería del propio Monasterio de Silos -en cuyo museo se conserva hoy la pieza- entre 1041 y 1050. Por las fechas, pudo ser ejecutado por iniciativa del propio Santo Domingo, abad en esos años, quien mandaría grabar en la base la inscripción: In nomine domini ob honorem sci sabastiani dominico abbas fecit.