Os presentamos esta nueva imagen de la Inmaculada embarazada realizada en resina con acabado alabastro. La imagen, a través de pequeños detalles de modelado, que podrían parecer casuales, esconde un gran significado simbólico sobre la Virgen María, su Inmaculada Concepción y su Maternidad Divina.

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LA INTIMIDAD DE LA INMACULADA

La imagen retrata un momento de intimidad de María: la Virgen, encinta de algo más de 8 meses, medita en su corazón los sucesos que están ocurriendo en su vida: la visita inesperada del ángel, el extraordinario encuentro con su prima Isabel, el parto ya inminente… sucesos no libres de obstáculos y preocupaciones: Ahora deben marchar a Belén que queda a 3 jornadas de camino… hay una serena preocupación en el rostro de esta Inmaculada, que guarda en lo más profundo de su alma todas estas cosas, abandonándolas a la voluntad de su padre.

La base lleva en el contorno la inscripción: “llevaste en su seno al que no pueden contener los cielos”, oración tomada de la coronilla de María de San Luis María Grignion de Montfort, un santo conocido por su gran devoción a la Virgen, del que San Juan Pablo II tomó el conocido lema “Totus tuus”.

La imagen ha sido modelada principalmente en escayola y arcilla plástica: La escayola para las zonas esbozadas, proporcionado un acabado de estilo impresionista (véanse los vestidos, el paño…) y la arcilla plástica para las zonas de mayor detalle, facilitando la aparición de formas suaves y realistas  en las manos, el rostro, el pelo y los pies.

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Juan Carlos, escultor, junto a la escultura.

SIMBOLOGÍA DE LA INMACULADA

Esta representación de la Madre de Dios encinta es una reinterpretación actual de la Inmaculada, con los atributos que tradicionalmente se han asociado a esta advocación de la Virgen. Estos atributos no son otros que los que encontramos en el capítulo 12 del Apocalipsis:

“Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; estaba encinta, y gritaba, estando de parto y con dolores de alumbramiento” Apocalipsis, 12

Una mujer vestida de sol

El apocalipsis habla de una mujer vestida de sol, luminosa y resplandeciente. La talla transmite esa claridad en el rostro virginal de María y, sobre todo, en su vientre, marcado por unos rayos esbozados que ayudan a intuir que de de allí mana una gran luz. El vientre de María iluminado viene a anticipar la llegada de Cristo, luz del mundo.

Con la luna por pedestal

La tradición ha representado a la Inmaculada sobre una media luna creciente. A los pies de esta Inmaculada no encontramos esta media luna, como es habitual, sino una base circular que representa la superficie lunar real, con sus planicies y cráteres. Para ello ha sido necesario el estudio del suelo lunar: sus cráteres, en forma de anillo, con una base y un pico central, y los mares, o zonas llanas.

Coronada por doce estrellas

Las estrellas, al igual que la luna y el sol, son símbolo del saber. Su presencia remarca la invocación de María como Trono de Sabiduría. Además, el número de estrellas, doce, también es significativo; aparece numerosas veces en la Biblia como símbolo de lo completo, de la perfección eterna. Doce fueron las tribus de Israel, doce los apóstoles que escogió Jesús para dirigir su Iglesia, doce piedras en el pectoral del sumo sacerdote, representando a Israel. Doce son también el número de estrellas que tiene la Inmaculada al rededor del del rostro y, en el caso de esta talla, engarzadas al cabello, adornándolo.

Encinta y con dolores de alumbramiento

Esta escultura de la Inmaculada retrata a la Virgen en su octavo mes de embarazo, para lo que ha sido necesario un estudio anatómico de la mujer durante la gestación por parte del artista. El parto está ya próximo, por lo que la barriga está alta y el Niño colocado ya para el parto. La virgen parece cansada, tiene los pies hinchados y debe notar ya el peso del Niño, próximo a salir. Juan Carlos, el artista, nos cuenta su intención al mostrar todos estos rasgos humanos de María: “Me gustaría que cada mujer que haya vivido la maternidad pueda sentirse identificada con la Virgen, sabiendo que experimentó las alegrías y las molestias del embarazo, incluso el temor al parto, como cualquier otra mujer. En realidad, que cualquier cristiano pueda identificarse con ella porque todos, de alguna manera, somos portadores de Cristo, al tiempo que todos queremos encontrarnos en el seno de nuestra madre, la Iglesia”. En este sentido, esta pieza de arte sacro que representa a María embarazada es, al mismo tiempo, imagen de la Iglesia.