UN DISEÑO CON MÁS DE 80 AÑOS DE HISTORIA

Esta maravillosa custodia, de 99 cm de longitud y 8 kg de peso, fue originalmente diseñada y creada en por Don Félix Granda en 1930. Es una pieza de gran belleza y simbolismo por la combinación de sus formas líneas y curvas y por su delicada ornamentación: esmaltes de gran protagonismo y motivos vegetales en plata, principalmente la vid, símbolo del Sacrificio Eucarístico.

Las potencias de la custodia se encuentran ornamentadas con esmaltes en distintas gamas de azul sobre chapa de plata. Bajo el viril, tres figuras de ángeles sostienen filacterias en las que se inscribe el canto “Sanctus, Sanctus, Sanctus”.

custodia 131 063.jpg
“Aquellos objetos de culto que están en contacto inmediato con el cuerpo Santísimo de Cristo, deben ser objeto de nuestro más solicitado cuidado” D. Félix Granda

Si quieres conocer el simbolismo tras esta pieza de arte sacro haz clic aqui

INNOVACIÓN EN LOS PROCESOS: NUEVAS TÉCNICAS ARTESANALES

Esta custodia de plata y esmaltes fue diseñada por Don Félix Granda y realizada en nuestros talleres hace 80 años. Hoy volvemos a realizar este antiguo diseño aplicando nuevos procesos y técnicas para trabajar la plata.

“Las nuevas técnicas desarrolladas permiten realizar una pieza en menor tiempo sin que se vea reducida por ello su calidad artística. Esta pieza, en su momento llevó 1000 horas solo de platería, y otras tantas de cincelado. Hoy, la calidad sigue siendo la misma y el trabajo se ha abordado en menos de la mitad de tiempo”, nos cuenta Juan Tardáguila,  Maestro Platero.

Según nos cuentan los orfebres el pie o base de la custodia antigua, así como las ráfagas, se realizaron a base de martillo y buril, sin contar las largas horas de trabajo y la gran maestría del cincelador, que se ayudaba de útiles realizados en chapa para sacar el volumen al metal. Gracias a la innovación y el dominio de nuevas técnicas de fundición y galvanostegia, estas piezas han podido realizarse hoy de modo más eficiente, manteniendo la condición artesanal del trabajo.

El fuste, interrumpido a la mitad por una macolla, se ha realizado de la misma forma que la custodia antigua: grifando la chapa. Esto es, creando surcos que permitan que la chapa se doble y cree aristas diferenciando sus lados (ocho en este caso).

Los esmaltes que adornan el tambor (en la custodia antigua) o el fuste (en la custodia nueva) y que enriquecen el espacio entre ráfagas, han sido realizados de la misma manera que antaño, puesto que la técnica de el esmalte permanece tal y como hace un siglo. Las piezas de plata no son macizas sino caladas, lo que ha dificultado el horneado provocando muchas tensiones en los materiales dentro de la mufla, donde llegan a alcanzar los 800º.

Se han empleado ocho esmaltes diferentes, todos formados a partir de óxido de cobalto, que es el que proporciona el color azul al esmalte vítreo. Estos ocho tonos diferentes de azul pretenden crear un degradado de color de mayor a menor intensidad, para lo que ha sido necesario trabajar su integración y lograr así una continuidad progresiva.