CONCLUYE NUESTRA PARTICIPACIÓN EN ST. MARY´S CHURCH, WILIWMSTON (MICHIGAN)

El pasado 2 de junio el Obispo Boyea celebró la misa de dedicación de un nuevo altar y un retablo en la iglesia de Santa María en Williamston, Michigan. La diócesis había encargado a nuestros talleres un retablo en tres partes y un conjunto de elementos para el presbiterio que se insertaran con unidad y coherencia entre los elementos artísticos ya presentes en el templo.

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Nuestros proyectistas y arquitectos se pusieron manos a la obra para crear un nuevo espacio en consonancia con el entorno preexistente. Para lograrlo fue esencial acertar en la organización del espacio, el estilo de las obras de arte, los acabados, la paleta de colores, la jerarquía de los elementos…

Después comenzó en el taller el trabajo del pintor, por un lado, y los marmolistas, carpinteros y doradores, por otro. Carlos, el artista que ha dado vida a la escena de la Crucifixión, nos cuenta su trabajo de creación, de adaptación a ideas y gustos del cliente tratando de mantener, a la vez, un estilo propio. Nos cuenta que en su obra hay una búsqueda constante de “la naturalidad, de la humanización de los personajes representados sin llegar al hiperrealismo, más cercano a la fotografía y que- nos explica- corre el peligro de carecer de profundidad”. Otra de sus señas de identidad es el empleo de una paleta limitada en sus obras, cuatro o cinco colores que se combinan y que conforman la obra final.

 

EL RETABLO DE LA CRUCIFIXIÓN

En nuevo retablo ocupa toda la pared del ábside y lo componen dos elementos: una pintura al óleo sobre lienzo, y un gran marco de madera barnizada que dibuja tres arcos, uno para cada parte de la pintura.

El panel central representa la crucifixión en un estilo tradicional: Cristo en el centro y la Virgen y San Juan a ambos lados de la cruz. El pintor se inspiró en una obra de Perufino, artista contemporáneo de Boticelli para concebir la obra, aunque la obra se acerca a una estética contemporánea en otros aspectos, como en la elección del paisaje, rocoso y cercano al agua en lugar de árido y seco, y en el interés por la expresión de los personajes, buscando rostros que comuniquen.

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El Cristo representado pende de la cruz ya muerto, pero su cuerpo, musculoso y claro, está limpio de heridas y sangre. A sus pies se encuentra María, cuyo rostro de edad indefinida, expresa calladamente el dolor de una mujer cuya alma ha sido atravesada sin piedad por el acero. Lleva los vestidos azules, color propio de María, en un tono oscuro, pues ya está vestida de luto. San Juan, cuyos ropajes verdes y ocres entran en diálogo con el paisaje, mira a Cristo desde abajo, como reviviendo el mensaje que Jesús le ha dado: “Ahí tienes a tu madre”.

A cada lado de la escena se encuentran María Magdalena y San Pedro, con sus atributos y características propios: María, de largos cabellos y gesto penitente, aparece junto a un tarro de perfume derramado, y San Pedro, con las llaves del Reino en las manos, pasa junto a un gallo, elemento que remite a las tres negaciones del apóstol la noche del prendimiento de Jesús.

 

LOS NUEVOS ELEMENTOS DEL PRESBITERIO.

Sobre una plataforma de mármol de tres escalones que delimita el presbiterio se encuentran la sede, realizada íntegramente en madera con detalles dorados, y el ambón y los dos altares que fueron realizados en mármol rojo alicante y embellecidos posteriormente con relieves tallados en madera: un cordero -Agnus Dei- para el altar principal y un pelícano para el altar de Sagrario. Ambas figuras son, en iconografía cristiana, símbolos de Jesucristo.

El sagrario, dorado y con una pequeña cúpula, es original de la iglesia de Santa María. Se encontraba algo deteriorado por el tiempo y fue restaurado y dorado de nuevo. Los candelabros, la cruz del altar y la lámpara del sagrario son todos nuevos, creados en Talleres de Arte Granda.

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