Araucana es un centro cultural situado en San Juan, Argentina. Se trata de un complejo destinado a diversas actividades culturales que tiene también una estancia destinada al culto.

Hace meses que abordamos este emocionante proyecto de convertir esta pequeña estancia en un lugar de recogimiento, en la línea del estilo moderno del resto del edificio. Para ello se escogieron materiales claros y se planteó un retablo colorista, elementos que aportaran luminosidad a la estancia.

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Fotografía final del oratorio.

UN ORATORIO INTEGRADO EN EL ENTORNO

El planteamiento del oratorio se hizo bajo el principio de arquitectura como forma de integración en el entorno, una arquitectura racional que se introduce en el oratorio mediante la depuración de líneas pero sin renunciar a crea un espacio luminoso, confortable y que despierte la devoción.

La economía del espacio en un oratorio hace que se seleccionen los principales elementos: altar y retablo en el presbiterio, un pequeño ambón y una sede a cada lado, dos lámparas de sagrario y los bancos destinados a los fieles.

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Infografía del Oratorio, en la que se plantea la división del espacio.

EL ALTAR

El proyecto se organiza en torno a un eje central: un altar de marmol blanco, situado de espaldas al pueblo, situado sobre una tarima, también de mármol. El altar, cuya portada está dividida en tres pequeños nichos, está ornamentado en el hueco central con el trazo dorado de una cruz sobre circunferencia, que simboliza la Cruz de Cristo abrazando al mundo. En la parte superior, ha sido grabada la jaculatoria “Te adoro con devoción, Dios escondido”, tomada de la traducción del Adorote devote, escrito por Santo Tomás de Aquino, himno eucarístico por excelencia.

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Altar de mármol, sobre el que reposa el sagrario de plata y los candeleros.

EL RETABLO Y SU SIMBOLOGÍA

Para completar el presbiterio, se propuso una composición artística, de base figurativa, que otorgara color y personalidad al espacio y que empleara un lenguaje actual, sin dejar de lado la tradición. El resultado fue una pintura, realizada con la técnica del óleo sobre tabla.

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La composición representa, en la parte central, a la Santísima Virgen de San Josemaría, vestida con túnica blanca y manto azul, símbolos de pureza y eternidad en la iconografía cristiana tradicional. Aparece con el Niño en brazos sobre un fondo que representa un pozo, que también es símbolo de Jesucristo, agua viva. Aunque planteada sobre líneas tradicionales, el estilo realista de la pintura la convierte en una representación cercana, con la que los fieles en la actualidad puedan identificarse.

A los lados, en actitud de adoración, encontramos a San Josemaría y al Beato Álvaro del Portillo y Santa Marta y Santa María, hermanas de Lázaro, que representan, respectivamente, la santidad de la vida contemplativa y la santidad en medio del mundo.  Las tres imágenes están enmarcadas en madera dorada con oro al mixtión. Otro elemento simbólico que subyace en la composición es la Santísima Trinidad, insinuada con la disposición triangular.

Además, un friso de madera clara, situada sobre la pared de color azul mariano, recoge al visitante y recorre la estancia para unificar diferentes elementos formales como puertas y ventanas y aportar calidez.

En la parte superior un techo trabajado a base de vigas trasversales y volúmenes da personalidad al espacio.