Como os contábamos hace poco, el edificio de reciente construcción para la Clínica Universidad de Navarra en Madrid ha estrenado su oratorio, un proyecto cuyo estilo trata de establecer un diálogo y un equilibrio entre tradición y modernidad, entre lo clásico y lo contemporáneo. Hoy queremos ahondar un poco más descubriendo la simbología que esconden los relieves del retablo.

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A pesar de haber apostado por un lenguaje clásico, pues los relieves están inspirados en el barroco italiano, se ha buscado una plástica contemporánea para el conjunto. Los personajes se  interrelacionan a través de la conexión de las manos y por la composición triangular que culmina en la Trinidad, y que siempre ha estado muy presente en la tradición de Don Félix Granda.

En cada uno de los tres relieves se desarrolla un tema diferente, entrelazado dentro del programa iconográfico.

La visitación

En el lado izquierdo está representada la Visitación de la Virgen María a su prima santa Isabel, que resalta en primer lugar la maternidad, protagonista en este centro hospitalario.

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Este pasaje evangélico encierra, además, un gran simbolismo. En él se hace patente la labor de María como mediadora entre nosotros y su Hijo. Él es el protagonista oculto de este episodio en el que la Virgen, “sagrario vivo del Dios encarnado” (Benedicto XVI), va al encuentro de santa Isabel y la hace con ello inmediatamente partícipe de la Salvación. Está impregnado, por ello, de un profundo mensaje eucarístico, y la arquitectura de la escena, que sugiere un espacio bajo una cúpula, remite a ese templo vivo que es María. El abrazo entre las dos santas mujeres representa también el encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, la renovación de la Alianza divina.

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La Visitación nos enseña que la Virgen María escucha con atención a Dios, pero también atiende a quienes están en el mundo. Al ponerse en camino para ayudar a santa Isabel, “se transforma en modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos” (san Juan Pablo II).

San Josemaría en el Hospital del Rey

La misión y expresión de la Caridad es el tema que se plasma en el relieve de la derecha. En él, se representa una de las visitas que san Josemaría hizo en sus años de juventud a los enfermos del Hospital del Rey en Madrid. “Fui a buscar fortaleza en los barrios más pobres de Madrid”, dijo san Josemaría recordando cómo el Opus Dei comenzó entre los pobres y enfermos de esta ciudad. “Fueron unos años intensos, en los que el Opus Dei crecía para adentro sin darnos cuenta. Pero he querido deciros (…) que la fortaleza humana de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid”.

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La Santísima Trinidad

En el tercer relieve culmina el programa iconográfico, mostrando a la Santísima Trinidad, completada con la Sagrada Familia, la “trinidad de la tierra” a través de la cual, san Josemaría propone llegar a la divina. La vida, el mundo, surge de la “corriente de Amor trinitario” (san Josemaría), es decir, del Amor infinito de las tres Personas divinas. Por esta razón, todo amor que es verdadero remite en última instancia a la Trinidad. La familia es, así, una imagen que nos conduce al Misterio, pues “el Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente” (Papa Francisco).

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El amor de la Sagrada Familia era, por eso, el camino al que san Josemaría se confiaba: “Trato de llegar a la Trinidad del Cielo por esa otra trinidad de la tierra: Jesús, María y José. Están como más asequibles.” En torno a la Sagrada Familia se ven las ruinas de un antiguo templo, que representan el pasado que desaparece, como día que declina mientras el alba anuncia la llegada del nuevo día, es decir, de la Ciudad nueva, Jerusalén celeste hacia la que se dirige la Iglesia

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