Hace unos años realizamos desde nuestros talleres el gran retablo de la capilla de la misión San Juan Capistrano (California, Estados Unidos).

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El retablo de 14 x 9 m de estilo barroco es una réplica del original destruido por un terremoto en 1812. La única diferencia significativa con el retablo original es la inclusión de la primera beata indígena americana, Beata Catalina Tekakwitha, nacida en 1657 en Nueva York.

 

Fue realizado íntegramente en Madrid, en los talleres de Granda. Los materiales que se utilizaron fueron madera de cedro de Brasil, acero, estuco, láminas de oro de 24 quilates y latón pigmentado.

Se emplearon para su realización varias técnicas: carpintería, ensamblado, escultura, talla, estofado, dorado, policromía, pintura sobre lienzo y cincelado.

La misión es la séptima de nueve misiones franciscanas, fue fundada en 1776 por el padre  Junipero Serra y bautizada con el nombre de San Juan de Capistrano, teólogo del siglo XIV. La iglesia original fue construida en 1796, dedicada en 1806 y  posteriormente destruida por un terremoto en 1812. El nuevo templo, dedicado en 1987, fue elevado al título de basílica menor y es también santuario nacional, pero careció de cualquier adorno interior que no fuera un crucifijo, hasta que se construyó un gran retablo ubicado en el ábside, formado por estatuas, pinturas y columnas, coherente con el estilo original.

El retablo es signo de la Evangelización que llevaron a cabo las misiones en California en el siglo XVIII. El elemento central es la Santísima Trinidad, que recoge el momento de la entrega del Padre al Hijo por la redención de los hombre guiada por la acción del Espíritu Santo.

En la base se encuentra el lienzo de la Virgen coronada en su advocación de Guadalupe. En la parte superior de la calle izquierda aparece fray Junípero Serra, fundador de misiones. En la parte inferior y a la altura de la Virgen, se encuentra San José con la vara florida, mientras que en el lado superior derecho aparece Catalina de Tekakwitha, primera santa originaria de América del Norte, y en la parte inferior, San Francisco de Asís, a cuya orden pertenecen los primeros evangelizadores.

El nuevo retablo se articula a través de columnas salomónicas decoradas con pámpanos y racimos de uva, símbolos de la Eucaristía. Como peculiaridad, setenta golondrinas, posadas sobre las columnas, hacen referencia a un hecho singular que acontece en esta ciudad.