Una de las experiencias más gratas de nuestro trabajo ocurre cuando, ocasionalmente, alguno de nuestros clientes visita nuestros talleres. En el mundo actual, estamos acostumbrados a los objetos fabricados en serie; las materias primas entran por un extremo de la cadena de fabricación y recibimos el producto por el otro, casi siempre desconocedores de las transformaciones que ha sufrido por el camino. Tendemos con facilidad a creer que todos los objetos de nuestro entorno se producen de esta manera un tanto fuera de nuestro alcance, en la que la mano humana no interviene sino para controlar las máquinas. Por ello, observar cómo se realiza un trabajo a mano ejerce sobre quien nos visita una fascinación especial. Las técnicas artísticas, transmitidas de generación en generación en cada oficio, cobran vida ante nuestros ojos y nos permiten comprender el objeto de una forma muy distinta, más compleja y completa.

María, platera en nuestros talleres, comprueba la base del cáliz

Entre los mitos más extendidos en la artesanía está la creencia de que los objetos deben ser irregulares. Lo hecho a mano se asocia muy a menudo, en especial en las últimas décadas, con lo imperfecto. Sin embargo, pocas cosas pueden compararse con la precisión con la que trabaja el artífice. Cada elemento que conforma la pieza ha de tener su medida exacta y se comprueba meticulosamente, como en esta imagen vemos hacer a una de nuestras plateras. La base del cáliz se coloca sobre su plantilla, que en el vocabulario del taller conocemos como escantillón. La plata en la que está realizado conserva aún su característico color blanquecino; más tarde, cuando todos los elementos estén terminados, el pulido hará que su superficie cobre un brillo de espejo.

El cáliz es un diseño de recreación neogótica, basado en el modelo 111.068 de nuestro catálogo. En este caso, en el que se ha realizado completamente a mano en plata, son muchas las técnicas con las que se ha construido. Tras un primer entallado, la base, nudete y sobrecopa han sido forjadas, cinceladas y repujadas. Los esmaltes se han diseñado especialmente para esta pieza a petición del cliente, quien lo ha encargado para su ordenación sacerdotal, que ha tenido lugar recientemente. En ellos, adosados a la base, aparecen representados el Buen Pastor, la Virgen Mater Ecclesiae, el arcángel san Miguel, san José, el santo cura de Ars Juan María Vianney y san Josemaría.

Detalle de los esmaltes especiales diseñados para el cáliz
Detalle de los esmaltes especiales diseñados para el cáliz