Hay obras de arte que, en parte por su gran antigüedad, atrapan especialmente nuestra imaginación. Al contemplar su belleza, su dificultad y precisión, desearíamos trasladarnos al taller del artífice que la creó en un siglo lejano y observar su minucioso trabajo. Por eso, nos resultan muy especiales los encargos de nuestros clientes en los que el trabajo recrea o se inspira en alguna gran obra del pasado. En esta ocasión, han sido nuestros plateros, cuyo oficio aún tiene mucho que ver con las técnicas que podían hallarse en un taller medieval, quienes han abordado un proyecto capaz de embarcarnos en esta suerte de viaje en el tiempo.

Este proyecto ha consistido en la realización de unas piezas inspiradas en dos de las obras de orfebrería medieval más destacadas en nuestro país: el retablo de San Miguel de Aralar y la corona votiva de Recesvinto (Museo Arqueológico Nacional). Han sido realizados para la nueva abadía mostense construida en Silverado (California, Estados Unidos) por los padres norbertinos de la abadía de Saint Michael.

La Abadía, de estilo neorrománico, ha sido proyectada por el arquitecto francés Jean-Louis Pagès. Los padres norbertinos encargaron a GRANDA el diseño y creación del sagrario y la lámpara del Santísimo, entre otros elementos. El edificio, por sus características, exigía la realización de dos obras excepcionales, tanto por las grandes dimensiones que requería tan amplio espacio como por la coherencia que debían mostrar con el estilo del edificio.

Esa coherencia de estilo representaba un reto interesante. Se da la circunstancia de que, en el período de la historia que se trataba de recrear, la Alta Edad Media, la reserva eucarística no se preservaba en un lugar tan prominente del templo como hoy en día. Esto significa, en consecuencia, que no existían los sagrarios de gran tamaño como los que en los siglos posteriores se verían en los templos, sino píxides y arquetas eucarísticas de pequeñas dimensiones. En otras palabras, no existían modelos ni precedentes históricos específicos en los que pudiéramos basarnos para la fabricación de un sagrario de un tamaño tan extraordinario, por lo que era necesario buscar otras fuentes de inspiración.

Así, el sagrario es una recreación del conocido como retablo de Aralar, un extraordinario ejemplo del arte esmaltario de Limoges. Su realización está datada hacia el siglo XII d. C. y fue un obsequio del rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León, según se cree, como presente por su compromiso nupcial con Berengaria de Navarra, que no llegó a llevarse a cabo. En su origen no era un retablo, sino un frontal de altar, que fue transformado posteriormente adquiriendo su aspecto actual. Desde su donación por el monarca inglés, se ha conservado en el santuario de San Miguel in Excelsis, en la sierra de Aralar en Navarra.

El diseño se ha personalizado según las indicaciones de los padres norbertinos, siguiendo un rico programa iconográfico. Sobre la puerta se desarrolla el motivo central, con la Virgen en una mandorla rodeada de ángeles, representada como Theotokos o Kiriotissa, como trono de Cristo Niño sentado en su regazo. La representación de este asunto en la puerta del sagrario alude a la condición de la Virgen María como primer sagrario que contuvo el cuerpo de Cristo. Está flanqueada por personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, prefiguraciones de Cristo como Sacerdote, Víctima sacrificial y Rey. Están cobijados por doce arcos de medio punto que representan las puertas de la Jerusalén Celeste, según se describe en el Apocalipsis. En el cuerpo inferior están representados Abel, Abraham e Isaac, Moisés, Leví y Melquisedec. En el inferior, el rey David, los profetas Zacarías y Malaquías, san Juan Bautista y su padre Zacarías y el anciano Simeón. En el cuerpo superior, encontramos a cuatro figuras femeninas del Antiguo Testamento, prefiguraciones de la Santísima Virgen: Eva, Sara y Ana, la madre del profeta Samuel, y Miriam. El sagrario está rematado por un orbe crucífero, que representa la soberanía de Cristo sobre la Creación. El interior del sagrario está asimismo decorado con dos iconos esmaltados.

La lámpara del Santísimo está inspirada en las coronas votivas que antiguamente pendían sobre el altar. En particular, está basada en la del rey visigodo Recesvinto, del siglo VII. La costumbre de colocar lámparas votivas sobre el altar, que comenzaron los emperadores de Roma y Bizancio, probablemente llegó a la España visigoda cuando san Gregorio el Grande regaló una a Recaredo con motivo de su conversión desde el arrianismo.

La lámpara creada para la Abadía consiste en un enorme aro de cuarenta centímetros de altura, con decoración calada mediante cincel, ornamentado con cabujones y del que penden doce pinjantes. Los zafiros que muestra la obra original se sustituyeron por piedras artificiales y perlas. Bajo la corona, suspendida, está la lámpara propiamente dicha, que es un gran contenedor vítreo para cera líquida. Las piedras, montadas al aire, dejan traspasar la luz de la llama, al igual que los motivos calados, lo que junto con su ubicación ante las ventanas del ábside permite un interesante juego de luces.

La abadía se encuentra aún en desarrollo y se espera que esté completada en este año. Puede encontrarse más información, si bien en inglés, en una serie de vídeos que explican el arte y arquitectura de la abadía, a cargo del padre Justin Ramos, O. Praem., titulada Uniting Heaven and Earth.