Pocas veces se tiene la satisfacción de trabajar en la recuperación de una obra tan emblemática como la iglesia de San José de Puerto Rico. Este templo, que comenzó a construirse en 1532 en época española, es la segunda iglesia más antigua que se conserva en América. El siglo XX asistió al deterioro progresivo del edificio, que fue incluido por el Fondo Nacional para la Conservación Histórica de EE. UU. en la lista de once sitios históricos de este país con mayor peligro de desaparecer. La rehabilitación se ha llevado a cabo gracias a la gestión del Patronato de Monumentos de San Juan, creado y presidido por Ricardo González, al empeño de la Arquidiócesis y a numerosas aportaciones privadas y

La rehabilitación, que durante la última década ha estado bajo la dirección técnica del arquitecto Jorge Rigau, entrañó grandes dificultades al llevarse a cabo en un contexto en el que no es demasiado frecuente que subsistan edificios de tanta antigüedad. La iglesia había sido reparada a lo largo de su historia más reciente con cemento, lo que causa graves deterioros por humedad en los edificios antiguos. El primer reto al que se enfrentaron, por ello, fue aprender a realizar el mortero de cal y arena, una técnica cuyo conocimiento en Puerto Rico se había perdido hacía muchos años.

Durante el largo proceso de rehabilitación, la iglesia de San José reveló algunos de sus secretos. En sus bóvedas y paramentos, escondidas bajo las capas de reparaciones posteriores, se hallaron unas cautivadoras pinturas murales. Aunque conservadas tan sólo parcialmente, son excepcionales en tanto que se tratan de un ejemplo único en Puerto Rico. La complejidad de su restauración fue lo que hizo al Patronato buscar profesionales con dilatada experiencia en este tipo de intervenciones. Así fue como contactaron con GRANDA, quienes nos hicimos cargo tanto de la restauración de las pinturas murales como de otras obras de arte conservadas en el templo y de su iluminación.

Las pinturas murales conservadas fueron realizadas al temple y al óleo, y representan varios asuntos. En la capilla de Santa Rosa de Lima se encuentra la Santísima Trinidad, donde Cristo aparece como el Niño Jesús en el interior de una forma de corazón. En la capilla del Rosario, ocupando las pechinas, están representadas unas sirenas, con los brazos extendidos y portando ramos de flores. Finalmente, en el arcosolio de la nave principal se observa a san Telmo.

GRANDA restauró asimismo el retablo mayor, las pinturas sobre lienzo de la Trinidad y de la Visitación y cinco esculturas. Estas fueron las de san José, san Vicente Ferrer, santa Rosa de Lima, un Ecce Homo y el conocido como Cristo de los Ponce. Además, fuimos responsables del proyecto de iluminación, incluyendo el diseño, fabricación y montaje de las luminarias.

La iglesia de San José fue nuevamente consagrada el pasado 19 de marzo, fiesta de san José. Presidió la solemne celebración monseñor Roberto O. González Nieves, OFM, Arzobispo Metropolitano de San Juan. Mons. En su discurso, destacó que hace dos décadas era difícil imaginar cómo iba a quedar la iglesia, pero que el resultado de la restauración es solemne y «conduce hacia lo trascendente», además de «elevar el corazón y el alma a Dios». «Aquí encontramos las raíces de la cultura, las raíces de la identidad nacional puertorriqueña. Es un lugar que debe tocar el corazón de todos».